HISTORIAS DEL IMPENETRABLE: DON BENICIO JUÁREZ, 93 AÑOS DE VIDA EN EL MONTE
En el paraje El Escondido, en pleno corazón del monte chaqueño, vive una de esas personas que guardan en su memoria la historia viva del Impenetrable. Su nombre es Benicio Juárez y a sus 94 años sigue firme, acompañado por sus recuerdos, su familia y la tranquilidad del monte.
En una visita al paraje, volvimos a encontrarnos con don Benicio, quien nos abrió las puertas de su casa para compartir parte de su historia.
Con voz tranquila y mirada serena, recuerda sus años de trabajo en los campos, cuando el monte era muy distinto al de hoy. Durante mucho tiempo trabajó con hacienda en distintos establecimientos de la zona, realizando tareas rurales duras, como era habitual en aquellos años.
“Siempre trabajaba en el campo con hacienda. Los patrones me buscaban porque yo cumplía”, recuerda.
Como muchos hombres de su generación, también pasó por el servicio militar, una experiencia que no olvida por las dificultades que vivió durante ese tiempo.
Nacido cerca de La Armonía, en la zona conocida como El Toba, don Benicio creció en una familia numerosa: eran diez hermanos. Hoy, con el paso del tiempo, él es el único que sigue con vida.
Su vida también estuvo marcada por la familia. Junto a su esposa formó un hogar en el monte y criaron cuatro hijos, todos nacidos en una humilde casa de paja.
“Los cuatro están vivos”, dice con orgullo.
En aquellos años, la vida en el monte era muy diferente. No había electricidad y la única luz durante la noche era la del candil. Las distancias se recorrían a caballo o caminando, y muchas veces los vecinos eran quienes ayudaban en los nacimientos de los niños.
Don Benicio también recuerda cuando la caza era parte de la vida cotidiana para poder alimentar a la familia. En el monte abundaban animales como la charata, que muchas veces formaban parte de la comida del día.
Hoy el paisaje también ha cambiado. La electricidad llegó a la zona y los caminos conectan más a los parajes con los pueblos cercanos, como Castelli y El Espinillo, aunque todavía se conservan las costumbres y la tranquilidad del monte.
Entre anécdotas y recuerdos, don Benicio también relata historias de otros tiempos, cuando en el monte todavía se hablaba de encuentros con yaguaretés, animales que alguna vez formaron parte del paisaje natural del Impenetrable.
A pesar de los años, se lo ve fuerte y con buen ánimo. Vive en su casa rodeado del monte, acompañado por un nieto y por la visita ocasional de sus hijos.
“Todavía estoy vivo”, dice con una sonrisa.
Historias como la de don Benicio forman parte del alma del Impenetrable chaqueño: hombres y mujeres que construyeron su vida con esfuerzo, trabajo y amor por la tierra.





Comentarios
Deja tu comentario