CASTELLI-TRAS LA INUNDACIÓN: EL MIEDO SIGUE VIVO EN EL BARRIO PAPA FRANCISCO I
El barro todavía marca las paredes. Los muebles hinchados por el agua siguen secándose al sol. Y aunque ya pasaron varios días desde aquella tormenta histórica, en el barrio Papa Francisco I el miedo no se fue con la lluvia.
Herminda Román abre la puerta de su casa y señala en silencio hasta dónde llegó el agua. Más de 70 centímetros dentro de su vivienda. “Entró todo. Se me fundió ropa, muebles, cosas de años”, cuenta con la voz quebrada, mientras recuerda aquella madrugada en la que debió abandonar su hogar caminando con el agua hasta la cintura.
LA ESCENA QUEDÓ GRABADA EN SU MEMORIA COMO UNA PESADILLA.
Su hijo llegó para rescatarla junto a su pequeño nieto Luciano Román. Afuera, la lluvia seguía castigando sin descanso. El agua corría con fuerza por las calles de tierra convertidas en ríos oscuros. Entre vecinos desesperados y gritos, avanzaron como pudieron hasta llegar a un tractor prestado por un vecino de la zona.
“Nos alzaron en el tractor y después fuimos hasta el Mercado Popular. Ahí mi hijo tenía la camioneta y me llevó a su casa”, relata Herminda.
Durante una semana permaneció lejos de su hogar, mientras su hijo regresaba todos los días al barrio para prender y apagar las luces de la vivienda. No era un detalle menor: corrían rumores de robos en medio de la emergencia y muchos vecinos se negaban a abandonar sus casas por temor a perder lo poco que tenían.
“HABÍA GENTE QUE NO QUERÍA SALIR PORQUE TENÍA MIEDO QUE LES ROBEN”, RECUERDA.
En el patio todavía yace un enorme algarrobo derrumbado por el temporal. El tronco cayó durante la tormenta y continúa allí, atravesado sobre la vereda, como otra cicatriz más de aquellos días.
“NI ESCUCHÉ CUANDO CAYÓ”, DICE. “ESTÁ PELIGROSO Y NADIE VINO A SACARLO”.
A pocas cuadras, otros vecinos todavía sacan muebles destruidos, colchones húmedos y cajones deformados por el agua. El paisaje del barrio es el de una reconstrucción lenta y silenciosa.
Herminda muestra con resignación una vieja cómoda de aglomerado que comenzó a desarmarse después de quedar sumergida. “Le doy vuelta para que se seque, pero ya no sirve igual”, lamenta.
En medio de la emergencia, la familia intentó salvar lo indispensable. Levantaron la heladera con ladrillos. También el somier. Todo a las apuradas, mientras el agua seguía entrando.
“YA ESTABA LLEGANDO A LA CAMA”, RECUERDA.
Hoy el barrio intenta volver a la normalidad, pero cada nube negra revive el temor. La última lluvia volvió a sembrar angustia entre las familias.
“CUANDO EMPIEZA A LLOVER UNO YA TIENE MIEDO”, ADMITE.
Los vecinos reclaman obras urgentes. Piden que se eleven las calles, que coloquen más ripio y que se mejore el drenaje para evitar que otra tormenta vuelva a convertir al barrio en una laguna.
Porque en Papa Francisco I la inundación no terminó cuando bajó el agua.
Todavía sigue adentro de las casas.
Y también en la memoria de quienes lo perdieron casi todo.








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