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Arrancamos septiembre con el ingreso de un frente frío que, para ser sincero, es un fenómeno de rutina: todos los años, entre la primera semana de septiembre y antes del 10, entra el último pulso polar de la temporada. La estacionalidad no cambia por la presencia de El Niño, así que no hay que alarmarse por esto. Lo que sí cambió es la intensidad con la que lo estamos sintiendo, y ahí quiero detenerme.

La explicación está lejos, en la Antártida. En las últimas semanas sus costas registraron aguas anormalmente cálidas que elevaron la temperatura más de 6 o 7 grados por encima de lo normal. Ese calentamiento debilitó los vientos que retienen el frío sobre el continente helado, y el resultado es que se le está escapando el frío: no hay retención allá abajo y ese aire drena directo hacia Sudamérica. Por eso estuvimos con mínimas de entre 4 y 8 grados en toda la región esta semana, un valor más bajo de lo que esperaríamos en un año sin este desacople antártico.

Para lo que viene, el panorama cambia rápido. Mañana rota el viento al norte y eso va a hacer subir la temperatura antes de que llegue la próxima inestabilidad: el miércoles y el jueves podríamos estar cerca de los 30 grados. Ya el viernes entra un nuevo sistema que puede traer lluvias y tormentas, más marcadas sobre Misiones, el sur de Paraguay y Corrientes, con chaparrones aislados hacia el este de nuestra provincia y también sobre el noreste chaqueño y Formosa el sábado. La baja de temperatura que viene con ese frente no va a ser tan pronunciada como la de este fin de semana.

Con todo esto, calculo que la predominancia del flujo polar se va a mantener bastante parecida a como estuvo agosto, por lo menos hasta el 15 de septiembre. Recién después, entre el 20 y el 25, debería llegar la primera Onda Madden-Julian de la temporada, esa perturbación de baja presión que nace en el Pacífico y que, tarde o temprano, siempre termina pasando. Este año podría adelantarse un poco por la energía que dejó la formación de un huracán frente a Hawái semanas atrás.

Y ahí quiero ampliar el panorama, porque lo que está pasando en el Pacífico no es menor. Llevo años siguiendo estos patrones y nunca vi anomalías de temperatura como las de este año: hay tres huracanes activos al mismo tiempo en el Pacífico central y oriental, algo que no se veía en 15 o 20 años en esa zona. Uno de esos sistemas ya había tocado Hawái hace algunas semanas, después de casi cinco décadas sin un huracán ahí, y otro amenazaba nuevamente al archipiélago en estos días.

Ahora, un llamado a la calma: que haya un Niño tan marcado no significa que acá tenga que llover ya. La estacionalidad se respeta, y de hecho tenemos una paradoja para seguir de cerca: el caudal del río Paraná está en la mitad de lo que era en septiembre de 1997 y de 1982, dos años Niño parecidos al actual. Es un dato que no termina de cuadrar con lo que uno esperaría y que vale la pena tener en el radar.

Lo curioso es que el sur del país está viviendo el proceso inverso al nuestro. En Perú y Ecuador la anomalía térmica es prácticamente continua, y eso eleva el riesgo de episodios como los deshielos que se vieron en Nepal. Pero en la Patagonia y el sur de Chile, el drenaje de aire polar que estamos describiendo generó en las últimas semanas temperaturas por debajo de lo normal y más nieve, todo lo contrario de lo que uno asociaría con un año Niño en esa latitud.

Por eso mi mensaje de fondo es este: el mayor impacto de El Niño en nuestra región todavía no llegó. Lo ubico recién a partir del 15 de octubre, con dos picos: uno entre octubre y noviembre que va a golpear más al sur y al este de la provincia y al norte de Santa Fe, y otro durante el otoño, que ahí sí alcanzaría a toda la región de manera más pareja. Hasta entonces, lo que estamos viviendo es apenas el último capítulo del invierno.

Autor: admin

Fuente: noticiero9