ENTRE EL MONTE Y LAS COLMENAS: NICOLÁS EBERATH Y EL VALOR DEL TRABAJO FAMILIAR EN LA APICULTURA CHAQUEÑA
En El Impenetrable chaqueño, la producción tiene sus propios tiempos. Depende de las lluvias, de las temperaturas, de las floraciones y, fundamentalmente, del esfuerzo de quienes todos los días trabajan para aprovechar las oportunidades que ofrece la naturaleza.
ENTRE EL MONTE Y LAS COLMENAS: NICOLÁS EBERATH Y EL VALOR DEL TRABAJO FAMILIAR EN LA APICULTURA CHAQUEÑA
En El Impenetrable chaqueño, la producción tiene sus propios tiempos. Depende de las lluvias,
de las temperaturas, de las floraciones y, fundamentalmente, del esfuerzo de quienes todos
los días trabajan para aprovechar las oportunidades que ofrece la naturaleza.
En ese escenario encontramos a Nicolás Eberath, productor apícola que, junto a su familia y
parte de su equipo de trabajo, atraviesa una de las etapas más importantes de la temporada:
la cosecha de miel.
La jornada comienza en el apiario. Con las protecciones correspondientes, las herramientas y
el conocimiento adquirido a lo largo de los años, el equipo se dispone a retirar las medias alzas
que ya están cargadas de miel. Es un trabajo que requiere experiencia, paciencia y cuidado,
porque cada movimiento debe realizarse respetando el comportamiento de las abejas.
La escena tiene algo particular: mientras unos se ocupan de retirar el material, otros colaboran
con el traslado y la preparación de las nuevas medias alzas vacías que volverán a las colmenas.
La producción no se detiene. Lo que se retira es reemplazado por material disponible para que
las abejas continúen trabajando.
EL MONTE COMO ALIADO DE LA PRODUCCIÓN
La naturaleza está acompañando esta campaña. Durante el recorrido por el apiario, Eberath
destaca la abundancia de flores de especies como el mistol y el guariná, además de otras
floraciones presentes en el entorno.
Esa diversidad representa una importante fuente de alimento para las abejas y permite que
encuentren distintas alternativas para recolectar néctar.
El productor también pone especial atención en la genética y la mansedumbre de las
colmenas. Durante la demostración se observa cómo las abejas pueden ser trabajadas con
tranquilidad, utilizando el humo necesario y aplicando técnicas adecuadas de manejo.
En una de las colmenas, Nicolás muestra la organización interna: la cámara de cría, las reservas
de miel, la cría de obreras y de zánganos. También explica la importancia de la rejilla
excluidora, que impide que la reina suba a las medias alzas destinadas a la cosecha,
permitiendo obtener miel sin interferencia de la cría.
Después llega el momento de retirar el material lleno, realizar el tratamiento sanitario
correspondiente y colocar nuevamente las medias alzas vacías.
Si las condiciones climáticas acompañan, en aproximadamente dos semanas las abejas pueden
volver a llenar ese material.
UNA ASOCIACIÓN QUE ACOMPAÑA AL PRODUCTOR
La producción de Nicolás no termina en el apiario. Una parte fundamental del proceso se
desarrolla en la sala de extracción de la Asociación Apícola Los Colmenares, una organización
que nació para dar respuestas a las necesidades de los productores y mejorar la eficiencia de la
actividad.
La sala permite recibir las medias alzas, extraer la miel y devolver rápidamente el material
vacío a los apicultores para que puedan continuar trabajando.
Según explicó Eberath, la capacidad de procesamiento se ubica entre 30 y 40 medias alzas por
hora. En una jornada de intensa actividad, el objetivo es evitar que el productor tenga que
esperar demasiado tiempo para recuperar el material.
La organización cuenta con 47 socios y un sistema de trabajo que busca que las medias alzas
permanezcan el menor tiempo posible en la sala. El objetivo es que el productor no tenga que
esperar más de 72 horas para recuperar el material que necesita la colmena.
Durante la jornada también se pudo observar el funcionamiento de las máquinas: la
desoperculadora retira la capa de cera que cubre los panales, luego el material pasa por el
extractor centrífugo y la miel comienza a separarse para su posterior almacenamiento en
tambores.
La cera, por su parte, también se recupera y se incorpora al circuito de aprovechamiento.
La sala puede procesar entre 30 y 40 medias alzas por hora y, de acuerdo con los datos
compartidos durante la recorrida, se necesitan aproximadamente entre 23 y 24 medias alzas
para completar un tambor de 300 kilos.
47 SOCIOS Y UNA CAMPAÑA CON EXPECTATIVAS
La Asociación Apícola Los Colmenares ya había alcanzado aproximadamente 120 tambores de
miel procesada al momento de la entrevista. La expectativa planteada por sus integrantes era
superar los 300 tambores durante esta campaña, aunque el resultado dependerá de cómo
evolucionen las floraciones y las condiciones climáticas.
Eberath recordó que la temporada anterior había superado los 500 tambores y destacó que
este año existen diferencias importantes entre las distintas zonas productivas.
Mientras algunos sectores todavía esperan mejores condiciones, otros muestran una
abundante disponibilidad de flores y una respuesta muy favorable de las colmenas.
También mencionó el interés recibido desde Portugal, donde colegas apicultores se
comunicaron para conocer más sobre la producción chaqueña y el trabajo que se desarrolla en
El Impenetrable.
Es una señal del potencial que tiene la miel de esta región y de la necesidad de seguir
incorporando productores y aumentando los volúmenes de producción.
PRODUCIR EN EL IMPENETRABLE: EL ESFUERZO QUE NO SIEMPRE SE VE
Pero la apicultura en esta parte del Chaco tiene dificultades que van más allá del manejo de las
colmenas. Los caminos, las distancias y las condiciones de acceso representan obstáculos
permanentes para quienes deben trasladar materiales, herramientas y producción.
Eberath hizo referencia especialmente al sacrificio de los apicultores que trabajan en zonas
como El Sauzalito y otros parajes del territorio, donde llegar hasta los apiarios puede
convertirse en una tarea compleja.
También destacó que los rindes chaqueños no siempre son comparables con los de otras
regiones del país. Mientras en algunas zonas del centro y sur se alcanzan producciones mucho
más elevadas por colmena, en el Chaco los resultados pueden variar considerablemente de
acuerdo con cada temporada.
Sin embargo, el productor valora el esfuerzo de quienes continúan apostando a esta actividad
y encuentran en la apicultura una alternativa para diversificar sus ingresos.
En la Asociación conviven productores que también se dedican a la ganadería, una
combinación que permite diversificar la producción y fortalecer la economía familiar.
EL VALOR DEL TRABAJO FAMILIAR Y COLECTIVO
La experiencia de Nicolás Eberath permite comprender que detrás de cada tambor de miel
existe una cadena de trabajo que comienza mucho antes de la cosecha.
Está la familia que acompaña, el conocimiento del productor, el cuidado de las abejas, la
preparación de los materiales, el traslado, la extracción y la organización que hace posible que la actividad continúe.
La Asociación Apícola Los Colmenares representa ese esfuerzo colectivo. Sus 47 socios, la
incorporación de jóvenes y la capacidad de procesamiento de su sala muestran que la
organización es una herramienta fundamental para fortalecer la producción regional.
En el corazón del monte chaqueño, donde muchas veces las distancias y las dificultades
parecen imponerse, hay familias que siguen apostando al trabajo y a la producción.
Nicolás Eberath es uno de esos protagonistas. Su historia, junto a la de la Asociación Los
Colmenares, refleja una realidad que merece ser contada: El Impenetrable también produce,
genera oportunidades y construye futuro desde el trabajo de su gente.
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