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POLÍTICA-PRESUPUESTO 2026: UN CAMBIO DE ÚLTIMO MOMENTO QUEBRÓ ACUERDOS CON GOBERNADORES
Gobernadores que venían acompañando al oficialismo marcaron un límite tras la modificación del texto y advirtieron sobre la fragilidad de los acuerdos futuros.
La discusión del Presupuesto 2026 dejó al descubierto un conflicto político que fue más allá del resultado de una votación puntual. La decisión del Gobierno de incorporar a último momento un capítulo que incluía la derogación de normas sensibles, como las vinculadas a discapacidad y financiamiento universitario, generó un fuerte malestar entre gobernadores que habían acompañado el proyecto tras semanas de negociación. Aunque el texto fue aprobado en general, ese cambio alteró el escenario y derivó en el rechazo del apartado cuestionado.
En las provincias aliadas interpretaron el episodio como una repetición de una dinámica que ya había generado tensiones en debates anteriores: acuerdos alcanzados que luego se modifican en la etapa final. Esa lectura explica por qué varios mandatarios decidieron ordenar a sus diputados votar en contra de ese capítulo específico, aun cuando facilitaron el avance del Presupuesto en términos generales. El mensaje fue claro: el acompañamiento tenía límites cuando se alteraban compromisos previos.
El rechazo del capítulo también estuvo atravesado por la forma en que se estructuró la votación. Al agrupar varios artículos en un solo bloque, el resultado negativo dejó afuera no solo las disposiciones más resistidas, sino también otras medidas que contaban con consenso, como actualizaciones y compensaciones. Para los aliados, esa estrategia terminó siendo un error político evitable que profundizó la desconfianza y volvió a tensar una relación que nunca terminó de ordenarse del todo.
La votación reflejó un movimiento coordinado de diputados de distintas provincias, entre ellas Catamarca, Tucumán, Salta, Misiones, Neuquén y el bloque Provincias Unidas, que rechazaron el capítulo pese a acompañar el Presupuesto en general. En varios distritos coincidieron en que el problema no fue solo el contenido, sino la forma en que se introdujo, con temas sensibles incorporados sin aviso previo y fuera de los márgenes acordados.
Desde las provincias también señalaron que la presión por sostener el equilibrio fiscal terminó desbordando el acuerdo posible. La derogación de las leyes incluidas en el capítulo implicaba un ahorro estimado cercano al 0,5% del PBI, pero el intento de concentrar ese ajuste en un solo apartado generó el efecto inverso al buscado. En lugar de disciplinar votos, reordenó la votación y expuso a los aliados a un costo político que no estaban dispuestos a asumir.
En paralelo, el Gobierno intentó asegurar apoyos mediante transferencias de Aportes del Tesoro Nacional, con giros significativos a varias provincias durante diciembre. Sin embargo, ese reparto no garantizó el respaldo al capítulo cuestionado. Incluso distritos que recibieron fondos votaron en contra, lo que dejó en evidencia que el malestar excedía la discusión presupuestaria puntual y estaba vinculado a la confianza en el cumplimiento de los acuerdos.
A ese escenario se sumaron reclamos por compromisos que, según las provincias, no quedaron reflejados de manera consistente en el texto del Presupuesto. El financiamiento previsto para las cajas previsionales no transferidas fue señalado como insuficiente frente a las necesidades planteadas por varios distritos, lo que alimentó la percepción de que las promesas se diluyen en la letra fina del proyecto.
Con el capítulo rechazado, el Presupuesto pasó al Senado sin modificaciones, y el oficialismo apuesta a avanzar con su sanción definitiva sin reabrir esa discusión. Los gobernadores estarían dispuestos a acompañar el trámite final, aunque con una advertencia explícita: lo ocurrido encareció su respaldo futuro y obliga al Gobierno a reconstruir la confianza si pretende sostener mayorías en debates clave que se avecinan.
El malestar tampoco quedó limitado a las provincias. La negociación paralela por los cargos en la Auditoría General de la Nación sumó tensión con el PRO y reforzó la idea, entre los aliados dialoguistas, de una forma de negociar que acumula fricciones. El resultado es un escenario político más áspero, con apoyos condicionados y un mensaje claro: el acompañamiento existe, pero ya no es incondicional.
fm los angeles

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