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ANTE EL CALOR EXTREMO, INVESTIGAN LA RESISTENCIA DE LA PLANTA DE ALGODÓN
Aunque en esta campaña el algodón tenga escasa participación en la canasta de cultivos del agricultor del Norte argentino, los investigadores del INTA se preparan para el futuro cercano estudiando una variedad de mayor resistencia a la sequía y al calor.
En el INTA Sáenz Peña tratan de encontrar respuestas para identificar qué herramientas naturales posee la planta de algodón para enfrentar condiciones extremas de calor y falta de agua.
El INTA, en articulación con la Universidad Nacional del Chaco Austral, lleva adelante en Presidencia Roque Sáenz Peña un estudio clave que busca identificar una variedad de semilla de algodón capaz de tolerar el estrés hídrico.
La investigadora Nydia Tcach explicó que Argentina integra un grupo muy reducido de países dedicados a la producción algodonera, solo 14 a nivel mundial, y al estudio específico del impacto del estrés por altas temperaturas y déficit hídrico, apenas cuatro. "Que nuestro país forme parte de ese pequeño núcleo de investigación es un orgullo", señaló, destacando el rol del INTA en el avance del conocimiento sobre esta problemática.
Según Tcach, el cambio climático está profundizando las condiciones adversas para el cultivo, con un incremento acelerado de las temperaturas en los últimos años y una disminución sostenida de las precipitaciones, que además tienden a concentrarse en pocos días.
Estas variaciones afectan con mayor severidad a regiones naturalmente más secas, como Sáenz Peña y su zona de influencia.
LA ADAPTACIÓN AL CALOR
Aunque el algodón es un cultivo que históricamente se adapta bien al calor, las temperaturas superiores a 40 °C generan pérdidas significativas: por encima de ese nivel térmico, el rendimiento cae de forma marcada y el impacto económico puede alcanzar hasta el 40 % de la producción.
La investigadora subrayó que el daño se vuelve más crítico cuando estas condiciones extremas coinciden con el período reproductivo del cultivo, su fase más sensible.
En ese escenario, la planta tiende a abortar puntos fructíferos como mecanismo de supervivencia, reduciendo drásticamente los rindes. Por ello, el equipo del INTA no solo analiza qué genotipos muestran mayor tolerancia, sino también en qué momentos del ciclo el cultivo resulta más vulnerable, información clave para ajustar las fechas de siembra.
SETECIENTOS MATERIALES GENÉTICOS
Como parte de este trabajo, el INTA cuenta con un banco de germoplasma que reúne 700 materiales genéticos provenientes de intercambios con otros países, muchos de ellos con orígenes silvestres que aportan genes asociados a mecanismos de tolerancia. "Buscamos identificar cuáles de estos materiales poseen estrategias naturales para enfrentar el estrés hídrico y térmico", detalló Tcach. Recordó, además, que el 2024 fue el año más caluroso registrado en todo el ciclo del cultivo, con pérdidas productivas severas debido a la combinación de altas temperaturas y falta de lluvias. Aunque la presente campaña muestra condiciones más moderadas, advirtió que serán determinantes los meses de enero y febrero.
QUEREMOS DETECTAR LAS BARRERAS NATURALES
Tcach explicó que uno de los ejes centrales del estudio es identificar qué herramientas naturales posee la planta de algodón para enfrentar condiciones extremas de calor y falta de agua. Detalló que, en condiciones normales, la planta utiliza alrededor del 90 % del agua que absorbe para transpirar, pero existen materiales genéticos capaces de reducir esa pérdida al 30 %. "A esas plantas las consideramos altamente eficientes en el uso del agua, con una notable capacidad de ahorro", precisó. Se trata de características de origen genético que les permiten sobrevivir en ambientes extremadamente severos.
Para detectar estos mecanismos, el equipo del INTA induce de manera controlada condiciones adversas durante el desarrollo de las plantas. Esto provoca que se activen genes de supervivencia y generen respuestas fisiológicas que luego pueden transmitirse a las generaciones siguientes.
Tcach recordó que el cultivo requiere aproximadamente 500 milímetros de agua durante todo su ciclo, pero en los últimos años apenas ha recibido cerca de 150 milímetros, muy por debajo de lo necesario. Frente a este escenario, la única estrategia viable es seleccionar aquellos genotipos capaces de transpirar mucho menos que una planta común y así resistir ambientes de estrés hídrico extremo.
ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DEL ESTUDIO
La investigadora detalló que uno de los mecanismos más importantes involucra a los estomas, pequeñas estructuras por donde la planta transpira. En los materiales más eficientes, los estomas pueden mantenerse parcialmente cerrados o directamente cerrados durante los momentos de mayor temperatura, reduciendo la pérdida de agua y permitiendo que la planta conserve sus reservas. Si bien este mecanismo también presenta desventajas, es una de las respuestas de supervivencia más valiosas y no todos los genotipos lo tienen tan afinado, lo que refuerza la importancia de identificar y seleccionar aquellos con mayor capacidad de adaptación.
fm los angeles

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